jueves, 5 de abril de 2012

¡Sufrir por luchar contra el sufrimiento!


Yo creo que todos cuando estábamos en la escuela vivimos la carrilla o la crítica de los demás. Recuerdo, cuando estaba en secundaria que un compañero, al cual siempre lo tomaban como el chivo expiatorio (al que siempre le decían cosas), llegó al salón y todos empezaron a decirle cosas. Este chavo era con alguien que de repente me juntaba o jugaba futbol. Todos le decían cosas y yo quería defenderlo, pero… “si lo defiendo me van a empezar a decir cosas a mi”. Al final, decidí unirme al grupo y decirle cosas también. La verdad me dio miedo que yo también saliera humillado con él, y preferí unirme a las críticas. Preferí que él saliera lastimado, preferí no ser yo objeto de la burla también.
                La verdad cuento esto no con mucho orgullo. Me doy cuenta que en muchas ocasiones he actuado igual. Cuando veo que alguien está sufriendo por ser lastimado por otros, he preferido unirme a los que lastiman con tal de no ser yo afectado o lastimado. Así, yo me he unido al grupo de los que dañan y no he sido capaz de defender al que es lastimado.
                Tal vez, muchos cuando vemos a Jesús crucificado, creemos que Él busco el sufrimiento, que Él busco la Cruz y la Muerte. A veces vemos a Dios como un Dios sediento de Sangre y que quería que su Hijo sufriera, y mientras más sangre hubiera mejor era el sacrificio. Así he visto algunos pasajes de la película de “La Pasión” de Mel Gibson, donde se ve a un Jesús que después de ser litigado se para para ser más golpeado, como si dijera que mientras más sufra es mejor. A veces también entendemos así nuestra vida, que tenemos que sufrir, que Dios quiere que suframos para remediar nuestros errores. Dios no quiere que suframos, el dolor no es parte del plan ni del deseo de Dios. 
                Así me doy cuenta que cuando yo no fui capaz de defender a ese amigo que estaba siendo lastimado yo le huí a la cruz del sufrimiento. Cosa que Jesús no hizo, la Cruz fue la consecuencia de su vida, una vida que vivió para defender al desprotegido, una vida que la entregó por los que sufrían, por los pobres y pecadores, por los lastimados por la violencia y por la soledad. A Jesús no le importó llegar a la consecuencia de la muerte, porque siempre luchó contra el sufrimiento de los demás.
                Ahora entiendo, Dios no quiere que suframos. El sufrimiento en sí mismo no salva. Pero Dios quiere y desea que luchemos contra el sufrimiento de los demás, que levantemos al débil y hablemos por los que no tienen voz. Éste luchar por ellos nos traerá muy probablemente la consecuencia de ser perseguidos y tal vez también crucificados con Cristo, pero ese sufrimiento sí tiene sentido, y Sí Salva.
                Le pido a Dios que el día de mañana me de la fuerza para levantar la voz por aquel que está siendo lastimado, y no tener miedo a ser yo también juzgado. Dejar un lado mi imagen y el temor de la burla y empezar a vivir mi vida a favor de quién más lo necesita. Atreverme a decirle sí a la Cruz de Jesús, no por el hecho de sufrir por sufrir, sino porque acepto las consecuencias de mis acciones en favor del desprotegido.  Espero en Dios no ser tan cobarde como entonces, que no permita que mi miedo al dolor permita que los demás sigan en ese estado de dolor y sufrimiento.
                Por eso, hoy entiendo que el sufrimiento en sí no salva, pero el sufrimiento que surge por luchar contra el sufrimiento de los demás ese sí salva y redime.
Dios nos acompañe y nos de la fuerza para luchar contra todo aquello que causa sufrimiento y dolor a nuestra gente, a nuestro Pueblo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy edificante, Champs, te mando un abrazo de corazón.
Felices Pascuas, disfruta estos días.

E. Elí.

Él es mi razón de vivir

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